martes, 12 de abril de 2016

Crónica de un viaje

“Crónica de un viaje”

            Este viaje que te voy a contar es de lo más litúrgico, no necesita planificación solo pasar a buscar a un amigo y allá vamos. Si bien este viaje es litúrgico, también no puedo dejar de considerar que es la primera vez que lo hago.
            El destino de este viaje no era nada ajeno a mí ya que desde pendejo voy al mismo lugar a orillas del Paraná al norte de Rosario.
            Pero esta fue la primera vez en mi vida que iba en auto a mi casa, porque la última vez que fui todavía estaba en casa de mis viejos, apenas a 7 cuadras de mi casa por lo cual antes siempre iba caminando.
      Viernes 08 de agosto, 18:30, faltazo más que justificado a clases, salgo del departamento rumbo a primer destino, el departamento del Tano, quien me llamo 5 minutos antes porque estaba llegando tarde, y tenía razón podíamos llegar tarde a cualquier lado menos a casa, es que hacía casi 3 meses que no íbamos.
            Ahora sí, con el Tano como copiloto desde Ovidio Lagos y Gálvez, emprendemos nuestro primer viaje a casa. Tomo camino por Ovidio Lagos hasta Bv. 27 de Febrero y de ahí hasta el Boulevard Avellaneda, a medida que nos acercábamos al norte el trafico se iba haciendo más lento, autos, motos y colectivos llenos de almas rumbo a mismo lugar.
            Boulevard Avellaneda y Santa Fe, ya casi estamos, solo hay que esperar el verde del semáforo y cruzar el viaducto. Desde lo más alto del lomo del puente ya divisamos las luces prendidas de casa, a media que nos acercamos el transito se hace más lento, pero con cada metro avanzado más lejos parece que estamos, las ansias de estar ahí se hacen cada vez más grande. Una vez superado el viaducto estamos a pocas cuadras de la casa de mis viejos, llamo a mi hermana para saber si hay lugar para dejar el auto.
              Llegamos a lo de mis viejos, nos espera mi vieja en la puerta los saludos de rigor, pasar por el baño y dejar algunas cosas, emprendemos ahora si la última etapa de nuestro viaje. Desde la cortada Estrada hasta Gorriti y desde ahí por Boulevard Avellaneda, en esas 7 cuadras de caminata nos topamos con amigos, conocidos, compañeros de la escuela, trapitos, zorros; la fauna habitual de la zona cada vez que en casa hay fiesta, y todo eso perfumado por de las brasas asando chorizos, mientras un vendedor ambulante vocifera y asegura tener las “semis” (semillitas) más baratas.
            Una y otra vez nos colma la felicidad cuando entramos y ahí estamos más que felices y al resguardo del calor que surge de sus cimientos y tribunas. Horas enteras podríamos estar allí dentro, pero una vez que suena el pito al transcurrir los 90 hay que pegar la vuelta y ahí comienza la espera para otra vez volver a nuestro hogar.
            Ahora solo queda volver al departamento, a lo de los viejos o de algún  amigo por unas pizzas con birras, pero esos son otros viajes.

MI CASA, EL GIGANTE DE ARROYITO